Recuerdo que antes vivía en una casa, no muy grande ni lujosa, más bien vieja.
El color ocre de sus paredes me repugnaba, y lamentaba el hecho de que mi cuarto no tuviese ventana.
A lo largo de los años, he pasado por tres de sus habitaciones, y finalmente, conquisté la segunda más grande, que a día de hoy me sigue aguantando.
El sótano también ha visto pasar fiestas con amigos y familiares, incluso me está acogiendo mientras escribo esto, con apenas dos dedos, en la pantalla de mi teléfono.
Esta casa ha visto a dos nuevos inquilinos llegar, uno rubio y otro con mucho más pelo.
También ha aguantado riñas, discusiones, alegrías y celebraciones.
Sin embargo, muchas cosas han cambiado desde aquellos tiempos de color ocre. Ese espantoso tono de las paredes abandonó esta casa a mediados del verano pasado; y no sé si lo echo de menos. No por que me gustase, eso ni en sueños; tampoco porque no me guste el nuevo. Pero en aquellos tiempos, aquellos tiempos de color ocre, no había cabida en mí para la tristeza. Esas paredes me vieron crecer, caer y volver a levantarme. Esas paredes me sostuvieron cuando lloraba frente a ellas, porque me habían visto en mis mejores momentos. Y temo que los nuevos colores que visten mi casa, mi hogar, se lleven una mala impresión de mí, y me abandonen cuando ni yo mismo sepa sostenerme en pie.
Ahora miro esta casa, y siento que nunca he vivido aquí. Que este no es el hogar que un día fue.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Hogar
viernes, 18 de diciembre de 2015
martes, 15 de diciembre de 2015
Declaración
Hola.
Ha pasado mucho tiempo ya desde la primera vez que nos vimos.
Fue hace mucho, y te vi de lejos,
pero te reconocí al instante.
Me has acompañado en momentos duros, difíciles,
siempre has estado ahí, para bien o para mal,
y me he dado cuenta de algo;
te odio.
Ha pasado mucho tiempo ya desde la primera vez que nos vimos.
Fue hace mucho, y te vi de lejos,
pero te reconocí al instante.
Me has acompañado en momentos duros, difíciles,
siempre has estado ahí, para bien o para mal,
y me he dado cuenta de algo;
te odio.
Tu sola presencia me hace querer ahogarme en un mar de lágrimas,
igual que has inundado mi mente.
Eres el origen del mal, el verdugo que maneja los hilos.
Omnipresente cual dios, todo el mundo obedece tus delirios,
alimentados por la rabia que causa tu gran creación.
Todo cae de rodillas a tus pies,
pero no vas a poder conmigo.
igual que has inundado mi mente.
Eres el origen del mal, el verdugo que maneja los hilos.
Omnipresente cual dios, todo el mundo obedece tus delirios,
alimentados por la rabia que causa tu gran creación.
Todo cae de rodillas a tus pies,
pero no vas a poder conmigo.
Puedes golpearme con fuerza, cortarme las alas,
atarme de brazos y piernas.
Puedes mostrarme tu poder, hacerme sentir diminuto e indefenso.
Llevas mucho tiempo manejando mi vida, determinando mis pensamientos.
Marcas cada paso, y no es suficiente para ti,
pero eso se ha acabado.
atarme de brazos y piernas.
Puedes mostrarme tu poder, hacerme sentir diminuto e indefenso.
Llevas mucho tiempo manejando mi vida, determinando mis pensamientos.
Marcas cada paso, y no es suficiente para ti,
pero eso se ha acabado.
Ya lo sabes, esto es la guerra.
Has causado muchas, pero nunca te has enfrentado a una.
Desde que llegaste a mi vida, hermano, compañero, has tenido el control.
Y te odio, profundamente.
Sin embargo, debo darte las gracias.
Me has mostrado la crueldad de mi mente, el odio del mundo.
Me has educado más que cualquier escuela.
Me has demostrado, que sin ti, no hubiese movido un solo dedo.
Has causado muchas, pero nunca te has enfrentado a una.
Desde que llegaste a mi vida, hermano, compañero, has tenido el control.
Y te odio, profundamente.
Sin embargo, debo darte las gracias.
Me has mostrado la crueldad de mi mente, el odio del mundo.
Me has educado más que cualquier escuela.
Me has demostrado, que sin ti, no hubiese movido un solo dedo.
Y cuando vuelvas, con más fuerza que nunca,
cuando no haya forma de enfrentarte,
y lo más sensato sea rendirme, no tendré por qué hacerlo.
Porque me has demostrado, compañero,
que no sirve de nada temerte,
aunque el mundo te conozca como Miedo.
cuando no haya forma de enfrentarte,
y lo más sensato sea rendirme, no tendré por qué hacerlo.
Porque me has demostrado, compañero,
que no sirve de nada temerte,
aunque el mundo te conozca como Miedo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)