miércoles, 2 de septiembre de 2015

Bloqueo

Llevo días teniendo un bloqueo. Millones de ideas cruzando mi mente,  y pocas formas de expresarlas. A veces tan endebles que se te"rminan olvidando.  Proyectos planeados esperando a ser comenzados.  Frustración ante un bolígrafo, un teclado,  un papel o una pantalla. Un bloqueo.
Sin embargo, hace apenas media hora,  me han dado un gran consejo. Básicamente, un amigo llamado Aitor me ha propuesto una situación, un comienzo.  Lo ha dejado a medias,  y he seguido. Improvisación. Ha quedado algo curioso, y he decidido compartirlo.
Había una vez un joven caminando por el monte.  Le habían encargado repartir una pizza en la casa más alta.  Era joven, por lo que iba andando. Al llamar al timbre,  nadie le contestó. Miró alrededor, no había nadie, ni luz.  Supuso que era una broma telefónica, así que dio media vuelta. A medio camino de regreso...
A medio camino de regreso,  le entró hambre,  y decidió abrir la pizza para comersela.
Al darle el primer bocado,  comenzó a marearse,  y cayó al suelo. Se le nubló la vista,  y al recuperarse, contempló un mundo nuevo a su alrededor.  Palmeras color púrpura albergaban nidos de aves que ladraban.  Vio un pato con ruedas cruzar la carretera,  decorada con un ridículo estampado de cuadros. Alzó la vista,  y sobre él, un cielo rosa con nubes color verde claro decoraban el horizonte.  El mar,  color anaranjado, dejaba ver coches que lo cruzaban. Dirigió la mirada a la casa de su encargo,  y vio que seguía exactamente igual que antes, rodeada de penumbra.
Volvió a morder aquella pizza,  pero todo seguía igual.  Todo menos su sabor. Era horrible ahora,  como morder tela. Sin embargo,  la guardó. Dio la vuelta,  dispuesto a ir a aquella casa.  Al llegar,  una voz se escuchó desde dentro. La puerta se abrió sola,  de un violento portazo,  dejando ver una simple y vulgar mesita con una manzana azul.
La mordió, y no pudo creer lo que sintió. Todo a su alrededor se llenó de color,  como el resto del mundo. La manzana sabía igual que aquella pizza. Esa pequeña casa aumentó diez veces su espacio,  aunque por fuera pareciese igual.
El repartidor recordó su misión: llevar aquella pizza.  La soltó sobre una mesa,  y al pestañear,  todo volvió a la normalidad. Salió de aquella casa sin dificultad,  pero no advirtió una cosa. Desde que mordió aquella pizza,  esa pizza que nunca debió morder, su vida dio un inmenso cambio, para bien o para mal.
Un hombre fue enviado a entregar aquella pizza,  pero de esa casa salió una mujer. Fin.
Esto ha surgido de la improvisación. Improvisación que ha ayudado a sacarme de un bloqueo,  un bloqueo bastante frustrante. Gracias por leer.